Este martes se ha sabido que el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, perdió un iPad con datos sobre ETA. Se lo dejó olvidado en el asiento del AVE en el que regresaba a Madrid. El iPad del ministro contenía información sensible de la lucha antiterrorista, señalan fuentes solventes, como por ejemplo los últimos informes sobre la capacidad operativa de ETA.

No fue el único despiste del ministro Fernández esos días, como ya se pudo saber en mayo. También se dejó su iPhone tras terminar una entrevista en una conocida emisora de radio nacional. Afortunadamente, lo recuperó enseguida.

Estos despistes, aunque graves, no son casos aislados. Los olvidos y robos de dispositivos tales como tabletas, móviles y portátiles han puesto en peligro, en no pocas ocasiones, información confidencial de gobiernos y grandes empresas.

El FBI

En febrero de 2007, la Oficina Federal de Investigación (FBI) reconocía haber perdido un total de 160 ordenadores portátiles en los 44 meses previos. Al menos diez de ellos contenían información calificada de confidencial, como nombres y datos personales de su personal y otros con información del departamento de lucha contra el terrorismo. El inspector general del Departamento de Justicia, Glenn Fine, destacó en un informe que entre los años 2001 a 2005, además de los ordenadores desaparecidos, habían desaparecidos un número equivalente de armas de fuego.

La NASA

El pasado marzo se hizo público que en marzo de 2011, la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA) perdió un ordenador personal en el que había información confidencial muy valiosa. En concreto, el dispositivo almacenaba, entre otros datos sensibles. los algoritmos necesarios para manejar la Estación Espacial Internacional (ISS) de forma remota.

Reino Unido

El Gobierno británico tiene desde hace años serios problemas con la seguridad de los datos personales.

A finales de 2007, Reino Unido perdió un disco duro que contenía nombres y números de cuentas bancarias de millones de personas que recibían subsidios en este país. Se perdió cuando era enviado por correo desde una oficina gubernamental a otra.

En enero de 2008, el Ministerio de Defensa confirmaba el robo de un ordenador portátil perteneciente a un oficial que contenía los datos de 600.000 personas, incluidos sus números de pasaporte o de la seguridad social. El ordenador fue sustraído de un vehículo aparcado en Edgbaston, en la ciudad de Birmingham (centro de Inglaterra), el 9 de enero. El portátil, perteneciente a un oficial de la Marina británica, contenía información de personas que se habían alistado a la Marina, los Royal Marines o la Fuerza Aérea y de otras que habían expresado su interés en hacerlo.

En junio de 2008, el Gobierno británico perdió en varios trenes de cercanías documentos confidenciales, algunos de ellos con datos sobre la red terrorista Al Qaeda y sobre Irak.

En julio de 2008, el Ministerio de Defensa admitía el robo o elextravío, durante los cuatro años previos, de 747 ordenadores portátiles que guardaban información de ese departamento.

En agosto de 2008, se supo que PA Consulting, una empresa especializada subcontratada por el Gobierno británico, había perdido un dispositivo informático con información sobre 10.000 delincuentes reincidentes, así como de los 84.000 presos internados en las cárceles de Inglaterra y Gales.

En febrero de 2012, el diario The Sun reveló que un empleado de la Oficina para la Regulación Nuclear (ONR) perdió, cuando asistía a unas conferencias sobre energía nuclear en India, una memoria USB con información confidencial sobre la central atómica de Hartlepool, una de las más grandes de Reino Unido.

British Petroleum

En marzo de 2011 se supo que un empleado de la compañía British Petroleum (BP) había perdido un ordenador portátil que contenía datos personales de 13.000 ciudadanos de Luisiana que presentaron reclamaciones de indemnización tras el vertido de petróleo en el Golfo de México, según publicó el diario The Guardian. El portátil fue robado durante un viaje de negocios, según afirmó Curtis Thomas, un portavoz de la compañía. Y aunque el aparato tenía una contraseña de acceso, la información de los ciudadanos afectados no está codificada y permanece expuesta a posibles filtraciones. La compañía mandó cartas a los afectados notificándoles lo ocurrido. Entre los datos que había en el ordenador se encontraba una hoja de cálculo con los nombres de los reclamantes, números de seguridad social, de teléfono y direcciones.

HSBC

En abril de 2008, El grupo bancario HSBC admitió la pérdida de un disquete informático con los detalles de 370.000 clientes, aunque aclaró que la posibilidad de fraude era limitada. El disquete, que contenía los nombres, las fechas de nacimiento y detalles de los seguros de los clientes, se perdió cuatro semanas antes tras ser enviado por un mensajero desde unas oficinas del grupo en Southampton, sur de Inglaterra, a un reasegurador. A pesar de todo, no había direcciones o detalles de cuentas bancarias.